Pero si la ley prohíbe que los partidos coaligados puedan postular las mismas listas de candidatos plurinominales a diputados y senadores, y esas listas están atadas al voto de mayoría relativa, entonces, en efecto, el voto no puede otorgársele a ninguna de las listas porque la voluntad del elector resulta contradictoria al marcar dos o más partidos con listas distintas. El problema entonces se encuentra en esa prohibición. ¿Por qué no pueden partidos coaligados postular listas conjuntas? Ni lógica ni políticamente se sostiene dicha prohibición.
Política
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Transformaciones del régimen de gobierno en México
México vivió en las últimas dos décadas del siglo pasado una auténtica transformación de su régimen de gobierno. No se transformó el marco constitucional (seguimos siendo una república democrática, representativa, federalista y laica de carácter presidencialista), pero sí dos eslabones faltantes para que dicho régimen fuera realmente democrático: su sistema de partidos y su sistema electoral. El primero pasó de ser básicamente monopartidista a pluralista equilibrado y el segundo de ser esencialmente gubernamental a autónomo. Y esa transformación del régimen de gobierno puede contemplarse con toda nitidez si se contrasta la fórmula de gobernar a lo largo de la hegemonía del PRI con la actual, en la cual una diversidad equilibrada de partidos que coexisten en el Legislativo obliga a la formación de coaliciones. A estas alturas no se trata de una opción, sino de una condición.
La devaluación de los partidos y la exaltación de los ciudadanos
La primera reforma política del México reciente, la de 1977, consistió en una operación simple pero significativa. Se trataba de sincronizar el mundo de la política institucional con la política que se desplegaba por muy distintas vías y que no lograban encontrarse. El país vivía una enorme conflictividad que se expresaba en los mundos sindical, agrario, universitario, empresarial, también a través de una guerrilla urbana y otra rural, o en la aparición de nuevos partidos y publicaciones, y sin embargo, en 1976 México fue a unas elecciones federales donde apareció en la boleta una sola candidatura presidencial. La política institucional era de unanimidades mientras todos los días diferentes conflictos sociales y políticos ponían en evidencia que el país no cabía bajo el manto de una sola organización partidista.
Como en botica
La fiscalización de las finanzas de los partidos recae en el Consejo General del INE, a través de una comisión, que se auxiliará de una unidad técnica. El INE puede delegar la fiscalización ordinaria a los organismos locales. No obstante, la fiscalización de los gastos de campaña, que ahora tiene que realizarse en un tiempo más corto, porque el rebase de los topes de gasto pueden llevar a la anulación de la elección, supone un reto de dimensiones extraordinarias.
Volver a lo básico
En materia electoral mucho hemos avanzado. Se trata de una perogrullada. Bastaría asomarse a la forma en que se organizaban las elecciones en los años ochenta y a las condiciones en las que transcurría la competencia y comparar lo que hoy sucede para constatarlo de manera fehaciente. Ello es lo que ha permitido que el mundo de la representación sea hoy radicalmente distinto al de ayer. Antaño un espacio habitado por una sola fuerza política, hoy colonizado por la pluralidad de opciones que conviven en nuestro país.
Novedades y no tanto
Ha sido aprobada la nueva Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales que substituye al antiguo Código con los mismos apellidos (COFIPE). Este solo regulaba las elecciones federales y la nueva abarca también a las locales (aunque debe completarse con diversos ajustes a las constituciones y leyes de los estados). Repasemos entonces, a vuelo de pájaro, las principales novedades y las que no lo son. (No están jerarquizadas).
IFE, 23 años
Pero la confianza no se decreta ni se edifica a través de un acto de magia. La confianza –insisto- es una construcción. Día a día, acuerdo tras acuerdo, resolución tras resolución, resultado tras resultado, se va forjando la confianza, y por supuesto una mala decisión tiende a erosionar a la misma.
Volver a lo básico
En materia electoral mucho hemos avanzado. Se trata de una perogrullada. Bastaría asomarse a la forma en que se organizaban las elecciones en los años ochenta y a las condiciones en las que transcurría la competencia y comparar lo que hoy sucede para constatarlo de manera fehaciente.