Es precisamente el Estado laico el que permite el ejercicio de la mayor y más completa libertad religiosa, pues al no existir religión oficial, cada ciudadano es libre de practicar la fe que desee o no practicar ninguna.
Y es a partir de la valoración positiva del Estado laico que se establece en nuestra Constitución, por ejemplo, que la educación pública es igualmente laica. Porque se asume como una virtud la separación entre los asuntos de la fe y los de la enseñanza, y porque si fuera de otra manera, uno de los pilares de la coexistencia entre religiones diversas se estaría erosionando.