Era una recreación alegre de la Ciudad de México de hace más de sesenta años, y en muchos barrios y zonas el pequeño comercio aún es parte fundamental del paisaje citadino. Se trata de la economía de la que dependen millones de personas y que se ha construido a lo largo del tiempo. Solo que en los días que corren están cerrada la fonda, la cantina, la carnicería, la pulquería, los puestos, el billar. El movimiento se ha paralizado.
¿Primero los pobres?
Todos los signos apuntan a que en las próximas semanas y meses México verá crecer su número de pobres. La caída de la economía más la reclusión por la pandemia ya están dando sus primeros resultados: la Secretaría del Trabajo informó de 347 mil empleos formales perdidos en una quincena, un poco más de todos los creados a lo largo de 2019. Y es apenas el inicio.
El presente será pasado
El coronavirus y la recesión económica han remodelado el escenario y las expectativas. Es probable que no estuvieran en el guion de ninguno de los actores fundamentales de la política y la economía, y menos anudados. Pero hoy, no hay escape. O se les afronta o la cauda de destrucción será mayúscula.
Esto tiene que parar
Durante años creí que el ritual de toma de posesión de un cargo público era eso, un protocolo insípido. “Protesta usted guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen…”, resultaba un dictado solemne que solía contemplar con una sonrisa benevolente. Pues bien, creo que ha llegado el momento de volver a lo básico: ese es el compromiso primero y más importante de un funcionario público.
¿Tranquilos?
El problema fundamental es que ante el enorme reto contra la salud solo tenemos los conocimientos derivados de la ciencia; y fomentar la protección a través de estampitas milagrosas no puede sino presagiar múltiples desgracias. No se trata entonces de un recurso político más, una forma de “conectar” con la gente, un mecanismo para generar confianza. Es pura y llana irresponsabilidad fruto de un pensamiento mágico, con fuerte arraigo en la sociedad, pero ajeno a eso que los optimistas calificaron como la “edad de la razón”.
Para una historia del miedo
En los años cincuenta y principios de los sesenta, en Monterrey, a las puertas de las casas no se les ponía seguro. Incluso en las viviendas ajenas uno daba vuelta a la manija y estaba dentro. A los niños se nos enseñaba a tocar la puerta antes de entrar, pero era más un gesto de educación (no fuera uno a encontrar al señor o señora de la casa en paños menores), que una fórmula que tuviese que ver con la seguridad.
Conmigo o contra mí
No se me ocurre un movimiento más pertinente, noble, potente y urgente que aquel que llamó a realizar marchas y un paro para exigir de manera airada el cese de la violencia contra las mujeres y la reivindicación de trato digno e igual para ellas. No fue una ocurrencia o un complot, sino un reclamo que despertó la irritación y la esperanza de millones de mujeres. Y, sin embargo, el Presidente no solo fue insensible a esas potentes demandas, sino que intentó, de manera pueril, nublarlas tras la bruma de “la rifa del avión” y lo confrontó como si fuera una conspiración contra su gobierno impulsada, desde la sombra, por ese magma retórico e inasible al que llama, una y otra vez, los conservadores.
Igualdad de derechos y no a la violencia
Todo parece indicar que la marcha programada para el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, será masiva y maciza, y el paro del día siguiente tendrá un impacto que ni las promotoras originales soñaron. Ello se debe al justo reclamo para que cese el hostigamiento, el acoso, el maltrato y la violencia contra las mujeres y a la respuesta insensible del Presidente que se convirtió en un aguijón que multiplicó el enojo.
UNAM: un gramo de historia
Autonomía y gobierno universitario son temas que tienen una larga historia. Aquí solo un esbozo como ayuda de memoria, porque la memoria debería ser un dique contra ocurrencias de todo tipo.
De cenas incómodas
Nuestro Presidente parece que prefiere las relaciones personales y discrecionales a las reguladas y administradas por instituciones. Esos donativos “voluntarios” son circunstanciales, producto del humor del Presidente y por ello mismo soterradamente tirantes.