El “pequeño” detalle es que la complejidad no se puede exorcizar, no hay magia que pueda erradicarla ni voluntad, por más poderosa que sea, capaz de vencerla. Resultado: los problemas referidos son más pronunciados que en el pasado inmediato.
¡Contra la UNAM!
La UNAM, como cualquier centro de educación superior masivo, tiene problemas. Cumple con creces su misión, pero no es ni podrá ser un espacio idílico. Pero las anulaciones gruesas, los prejuicios, las afirmaciones sin sustento, en nada contribuyen a atenderlos. Lo único que hacen es enrarecer el ambiente. Un ambiente de por sí recargado de “diagnósticos” improvisados y ocurrentes, como la UNAM lo demostró ante las expresiones presidenciales.
¿De quién se trata?
Siempre ha comerciado de manera flagrante con la desinformación. Inventa datos sobre sus propias acciones pasadas. Difunde patrañas de fuentes dudosas. Niega la validez de información legítima. Y sigue promoviendo esas falsedades incluso cuando contradicen sus afirmaciones previas.
Dinero, medios, diputados y senadores
Una de las propuestas presidenciales de reforma constitucional electoral es acabar con el financiamiento público a los partidos para “actividades ordinarias” y dejar vivo solamente el destinado a las campañas electorales. Esa iniciativa explota el malestar con los partidos y la retórica facilista que quisiera que los mismos se “rasquen con sus propias uñas”. No dudo que les suene bien a muchos y eventualmente, con acuerdos, podría ajustarse a la baja.
Destruir lo que funciona
Como toda construcción humana las instituciones que sostienen el sistema electoral pueden afinarse, reformarse, pero lo que pretende la reforma constitucional que envió el presidente a la Cámara de Diputados implica la destrucción de lo construido y que ha cumplido con su misión. Hoy tenemos elecciones auténticas, los resultados dependen de las oscilaciones de los humores públicos y la diversidad política ha logrado convivir y competir en forma pacífica. No obstante, las baterías del gobierno se orientan hacia el entramado electoral que le permitió convertirse en la primera fuerza política.
Traidores a la patria
No es una ocurrencia, menos una gracejada. Tampoco un calificativo propio de la contienda política. Es un asunto serio y peligroso. El ya de por sí intimidante resorte de “conmigo o contra mi” que se activó desde el principio, ahora se enciende más y desata la alarma, al convertir a los legítimos opositores a la política gubernamental en traidores a la patria.
Deportes, reglas y revocación
El problema mayor es que no pocos se han proclamado ganadores pese a estar en bandos opuestos. Como si fueran los jueces de una competencia de clavados. Se olvidan de un pequeño detalle. Que no estamos ante un deporte de apreciación. Sino ante un ejercicio con reglas como las de los goles en el futbol. La revocación —según la ley— solo procede “si la participación total de la ciudadanía… fue al menos del cuarenta por ciento de las personas inscritas en la lista nominal de electores”. Y como ello no sucedió (votó menos del 18 por ciento) pues su resultado no significa nada en términos legales.
Degradación
Es su poder lo que despliegan y retan a autoridades y sociedad a no interferir con sus caprichos. Es su voluntad el metro de todas las cosas y la Constitución y las leyes son estorbos innecesarios. “No me vengan conque la ley es la ley” es el dictado que quedará grabado en el muro de la infamia como la proclama de quien cree que su poder no debe ser regulado.
El pasado como futuro
Las alarmas se prenden cuando el presidente, sin estimar los avances democráticos, propone un regreso a los hábitos que conoció de joven, las reglas e instituciones que ofrecieron permanencia a un régimen autoritario. Porque solo alguien que no aprecia las innovaciones en el terreno electoral puede proponer lo que estamos escuchando.
El sentido del sinsentido
El presidente fue electo para ejercer su cargo por un lapso de 5 años y diez meses. Así que en principio si sus opositores no han movido un dedo para desplazarlo todo el ejercicio es innecesario. Puede y debe cumplir con su periodo porque para ello fue electo.