La forma más sencilla de ilustrar por qué la propuesta presidencial en materia electoral supone una enorme regresión es hacer un recorrido panorámico para observar cómo se integraba y elegía a las cabezas de la autoridad electoral.
La letra escarlata
Hester Prynne es una joven y bella mujer. Ha dado a luz una niña fuera del matrimonio. Debe ser castigada como ejemplo a una comunidad de pioneros puritanos. Merecería la muerte, pero “la piedad” de sus habitantes y la “sabiduría” de los magistrados la condenan a ser exhibida por unas horas ante el pueblo, a una estancia en la cárcel y a llevar por el resto de sus días una A roja sobre su vestido. A de adúltera. Una marca que la descalifica y segrega para siempre. Se trata del núcleo original de la novela de Nathaniel Hawthorne, escrita a mediados del siglo XIX, sobre acontecimientos que sucedieron en Boston, Massachussets en el siglo XVII.
Todo podría haber sido distinto
El actual gobierno tenía varias puertas ante sí. Pero optó por un monólogo impermeable, maniqueo y simplista y por tratar de reconstruir “el país de un solo hombre”. Llegó con un inmenso apoyo popular y desató esperanzas enormes. Sin embargo, los resultados están a la vista. Fue una oportunidad perdida.
Linchamientos
El 10 de junio un infortunado joven fue linchado en una pequeña comunidad cercana a Huauchinango, Puebla. Acusado de pretender secuestrar a unos niños, Daniel Picazo fue golpeado y quemado vivo por una turba. Difícil imaginar una muerte más atroz. Quiero suponer que no es necesario subrayar las tintas: se trata de un acto bárbaro, inmisericorde y expresivo de una realidad salvaje.
Responsabilidad
Cualquier noción descalificadora de grandes conjuntos humanos debería preocuparnos porque conocemos sus devastadoras consecuencias. El problema es que esa retórica suele tener seguidores que embisten contra el diablo que ellos mismos han construido.
Refinería Potemkin
Grigory Potemkin fue ministro y amante de la emperatriz rusa Catalina II. Fue también ingenioso, pícaro y marrullero. Cuando Rusia consumó la anexión de Crimea, Potemkin fue nombrado su gobernador. Cuenta la leyenda (para algunos, historia) que cuando Catalina y su corte visitaron los nuevos territorios, en 1787, Potemkin estableció “aldeas móviles” en las orillas del río Dnieper, para impresionar a los visitantes. “Tan pronto como llegaba la barcaza que transportaba a la Emperatriz y los embajadores, los hombres de Potemkin, vestidos como campesinos, poblaban la aldea. Una vez que la barcaza partía, el pueblo era desmontado y luego reconstruido río abajo durante la noche”.
Por lo menos dos izquierdas
Una de las estelas que al parecer dejará el gobierno actual es la identificación de la izquierda con el lopezobradorismo. Mal asunto porque no existe una sola izquierda, pero además no está en el código genético de ésta el desprecio a la ley, al conocimiento, la cultura y las artes; la jibarización caprichosa de las instituciones estatales; la inacción gubernamental ante el crimen organizado o las consecuencias económicas y sociales que trajo la pandemia; la descalificación inercial de quienes tienen ideas diferentes, la ampliación de las tareas de las fuerzas armadas, la corrupción expansiva, las mentiras reiteradas como política de comunicación, la incompetencia, la improvisación, el gobierno de un solo hombre. Todos son rasgos de la actual administración, pero no necesariamente de la izquierda.
Desacato
¿Qué debe hacer una persona, agrupación, empresa, partido político si considera que sus derechos han sido lastimados? ¿Puede hacerse “justicia” por propia mano? En ocasiones, de que puede, puede, pero se supone que no debe. Suele no ser justicia sino venganza. La respuesta debe ser: por supuesto que no, por lo menos si se aspira a una convivencia medianamente civilizada. Un niño informado de sexto de primaria respondería que para eso existen los tribunales.
Oportunismo, se decía
La constelación a la que ampara Morena —y más si sumamos a los partidos aliados— tiene de todo como en las añejas boticas. Para ganar el gobierno fue necesario sumar y sumar, sin cernidor alguno, sin filtros que restaran, y el partido se ha convertido en una muy efectiva maquinaria para ofrecer amplias posibilidades de victoria a quienes se sumen a ella. Absorbe lo que se le ponga enfrente y la condición para adherirse es solo una: sumisión al jefe.
Dan miedo
La demagogia debería tener límites, pero, por desgracia, no los tiene. Han llegado muy lejos. No conocemos el desenlace, pero cualquiera que sea, todos aquellos que firmaron o acompañan la denuncia de Morena, tienen ya un lugar destacado en el museo de la infamia. No son políticos democráticos, son autoritarios, carentes de ética y proclives al despotismo. Triste y preocupante.