Si algo tiene la política democrática es que en ella se discute. Por una sencilla razón: porque los problemas son muchos y los acercamientos a ellos variados y hasta enfrentados. Desde los asuntos más baladíes hasta los fundamentales todos son filtrados por intereses y apreciaciones varias. Ello demanda, entonces, información cierta, compartida, y una fórmula de debate que reúna algunas condiciones si es que se quiere que el intercambio sea medianamente racional y productivo.
El Universal
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El ejecutivo no es el Estado
Confundir lo que es un crédito estatal con la figura presidencial, intentar cercenar facultades de otro poder constitucional y pensar que la lucha contra la corrupción es una tarea personal, es no comprender que lo que requerimos es un Estado fuerte (lo que implica división de poderes, vigilancia de los mismos, apego a la legalidad) y no un Presidente todopoderoso. Que ya sabemos a lo que conduce.
La línea editorial
La idea fundamental de AMLO, si mal no entiendo, es establecer con claridad dos bandos y una vez que están configurados “la línea editorial” debe apoyar a los buenos contra los malos. Y quien define la línea editorial: él. Él encabeza a los Patriotas y quienes se le oponen son los Traidores. Waugh hacía una parodia. Nuestro Presidente lo piensa en serio.
Chava Flores: la esquina de mi barrio
Era una recreación alegre de la Ciudad de México de hace más de sesenta años, y en muchos barrios y zonas el pequeño comercio aún es parte fundamental del paisaje citadino. Se trata de la economía de la que dependen millones de personas y que se ha construido a lo largo del tiempo. Solo que en los días que corren están cerrada la fonda, la cantina, la carnicería, la pulquería, los puestos, el billar. El movimiento se ha paralizado.
¿Primero los pobres?
Todos los signos apuntan a que en las próximas semanas y meses México verá crecer su número de pobres. La caída de la economía más la reclusión por la pandemia ya están dando sus primeros resultados: la Secretaría del Trabajo informó de 347 mil empleos formales perdidos en una quincena, un poco más de todos los creados a lo largo de 2019. Y es apenas el inicio.
El presente será pasado
El coronavirus y la recesión económica han remodelado el escenario y las expectativas. Es probable que no estuvieran en el guion de ninguno de los actores fundamentales de la política y la economía, y menos anudados. Pero hoy, no hay escape. O se les afronta o la cauda de destrucción será mayúscula.
Esto tiene que parar
Durante años creí que el ritual de toma de posesión de un cargo público era eso, un protocolo insípido. “Protesta usted guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen…”, resultaba un dictado solemne que solía contemplar con una sonrisa benevolente. Pues bien, creo que ha llegado el momento de volver a lo básico: ese es el compromiso primero y más importante de un funcionario público.
¿Tranquilos?
El problema fundamental es que ante el enorme reto contra la salud solo tenemos los conocimientos derivados de la ciencia; y fomentar la protección a través de estampitas milagrosas no puede sino presagiar múltiples desgracias. No se trata entonces de un recurso político más, una forma de “conectar” con la gente, un mecanismo para generar confianza. Es pura y llana irresponsabilidad fruto de un pensamiento mágico, con fuerte arraigo en la sociedad, pero ajeno a eso que los optimistas calificaron como la “edad de la razón”.
Para una historia del miedo
En los años cincuenta y principios de los sesenta, en Monterrey, a las puertas de las casas no se les ponía seguro. Incluso en las viviendas ajenas uno daba vuelta a la manija y estaba dentro. A los niños se nos enseñaba a tocar la puerta antes de entrar, pero era más un gesto de educación (no fuera uno a encontrar al señor o señora de la casa en paños menores), que una fórmula que tuviese que ver con la seguridad.
Conmigo o contra mí
No se me ocurre un movimiento más pertinente, noble, potente y urgente que aquel que llamó a realizar marchas y un paro para exigir de manera airada el cese de la violencia contra las mujeres y la reivindicación de trato digno e igual para ellas. No fue una ocurrencia o un complot, sino un reclamo que despertó la irritación y la esperanza de millones de mujeres. Y, sin embargo, el Presidente no solo fue insensible a esas potentes demandas, sino que intentó, de manera pueril, nublarlas tras la bruma de “la rifa del avión” y lo confrontó como si fuera una conspiración contra su gobierno impulsada, desde la sombra, por ese magma retórico e inasible al que llama, una y otra vez, los conservadores.