Acaba de aparecer en Cal y Arena un libro mío de reseñas. Su nombre: La voz de los otros. Libros para leer el siglo.
Aquí se puede consultar el prólogo y una reseña que pueden servir como antojo.
Puerta Abierta
Me suelen invitar a presentaciones de libros para hacer algún comentario. Es una fortuna. De esa manera me veo “obligado” a leer con una intensidad y una atención diferentes a las de las lecturas por puro placer. En aquellas el deleite se combina con la necesidad de entender la lógica del autor, tratar de observar sus fortalezas y también sus debilidades, subrayar sus aportes, sus descubrimientos, quizá confrontarlo contra otras obras, y finalmente hacer algunas notas que normalmente tienen la intención de abrir el apetito del lector.
Creo que por eso me invitan. Saben que leo el libro (no todos los que asisten como comentaristas a una presentación hacen la tarea) y que las más de las veces escribo sobre él. De esa manera se genera un círculo virtuoso para mí.
Por supuesto en ocasiones hago glosas a algún libro sin necesidad de alguna invitación para comentarlo. Por el interés que el libro suscita o por la actualidad del mismo o por las puras y duras ganas de hacerlo. De esa manera, sin querer queriendo, tengo escritas un buen número de reseñas que he publicado en distintas revistas: Nexos, Revista de la Universidad de México, Configuraciones, Estudios Políticos, Letras Libres, El Correo del Sur (suplemento de La Jornada de Morelos), Voz y voto, Universidades, Examen, Iniciativa, Andamios, Revista Mexicana de Sociología, y en los diarios Reforma y La Crónica de hoy. Ahora hago una selección de ellas.
Por lo antes apuntado, muchas son de libros de amigos, otro tanto de conocidos y algunas de personas distantes o desconocidas para mí. En conjunto son un mural de las voces de otros. Ese mural tiene algunas virtudes: ayuda a no vivir ensimismado, amplía el campo de visión, aparecen tensiones y contradicciones entre los autores que hacen más viva e interesante la vida intelectual, se develan temas y encrucijadas diversas y súmele usted. De lo que estoy convencido es que la conversación a través de los libros suele ser más rigurosa, puntual y sugerente que el güiri güiri verbal y más atractiva y dura que la alharaca que se reproduce en las “redes”. Los libros siguen siendo “una gran cosa”. El espacio en donde se decanta lo mejor del pensamiento. Por supuesto, sobra decirlo, los buenos o los que a uno le parecen buenos.
El lector tiene en sus manos un buen puñado de reseñas. Son notas breves que permiten alimentar un diálogo a través de textos y temas muy distintos. Ojala les resulten interesantes y lo óptimo sería que fueran la puerta para entrar a las obras que aquí comento. Algunos –muy pocos- pasajes aparecieron en algún otro libro mío, la inmensa mayoría circularon un mes o varios meses en alguna revista y luego se esfumaron.
Otra vez gracias a la generosidad de Rafael Pérez Gay puedo presentar este manojo de reseñas y otra vez, gracias al paciente y cuidadoso trabajo de Alberto Román este libro tiene una exposición decorosa.

SIMPATÍA POR EL RATING
José Woldenberg
Raúl Trejo Delarbre. Simpatía por el rating. Cal y Arena. México.2010. 279 páginas.
Todos (o casi todos) tenemos una película de las elecciones federales del año 2006. Se trata de los comicios más polarizados y cerrados de la historia reciente del país. También de los más debatidos y debatibles. Solo que ese film que guardamos en la memoria seguramente está fragmentado, cargado de impresiones subjetivas y quizá de pasión política.
Pues bien. Si usted quiere recordar lo que sucedió en una de las pistas en las que se verificó aquella controvertible elección, de lo que aconteció en la cobertura de las campañas en radio y televisión y de las estrategias que utilizaron partidos y candidatos, no puede dejar de leer el libro de Raúl Trejo D., Simpatía por el rating. Escribo recordar y hago trampa. Porque nadie es capaz de recordar la secuencia de los hechos, los datos duros, las polémicas que se suscitaron, con la precisión, la objetividad y el talento de Trejo.
RTD nos proporciona no sólo una ayuda de memoria sino una disección puntual e informada de lo que sucedió antes y durante las campañas entre los partidos y candidatos por un lado y la radio y la televisión por el otro. Actores indispensables de la vida política interactuaron hasta modelar un escenario singular. RT describe y comunica –pone una vasta información cuantitativa sobre la mesa-, pero también analiza y pondera. Y ese ejercicio ejemplar nos permite no sólo pensar el pasado sino otear el futuro inmediato, es decir, las elecciones del año 2012. Retomaré algunos puntos.
1.RT reconstruye las rutas que los candidatos presidenciales recorrieron antes de llegar a serlo. Hace bien. Las campañas arrancan luego de sencillos o complicados litigios en el seno de los partidos que nunca resultan anodinos. Así, Andrés Manuel López Obrador fue candidato de la Coalición por el Bien de Todos sin prácticamente contrincante que le hiciera sombra, mientras Felipe Calderón lo fue del PAN luego de una elección interna de pronóstico reservado (por lo menos al inicio). López Obrador arrancó luego de una exposición más que amplia en los medios y en el primer lugar de las preferencias de los ciudadanos. Calderón, por su parte, resultaba, al principio, menos conocido y en segundo o tercer lugar según el rastreo de opinión. Paradójicamente, López Obrador salió fortalecido del insensato intento de desafuero que llevaron adelante el gobierno, el PAN y el PRI, mientras el resto de los candidatos requerían abrirse paso en las preferencias de los electores.
2. El libro repasa de manera puntual las oscilaciones de los humores públicos a lo largo de la campaña. A través de los resultados de cinco encuestadores que realizaron sondeos desde enero hasta junio es posible descubrir como lo que hacen o dejan de hacer los candidatos modula las intenciones de los ciudadanos. Todo parece indicar que si las elecciones hubiesen sido en enero o febrero e incluso marzo de 2006, López Obrador hubiese sido el presidente (tenía alrededor del 39 por ciento de las intenciones de voto). Pero en abril y mayo sufrió una caída (entre el 33 y 34 por ciento) de la que se recuperó en junio, llegando prácticamente empatado con Calderón a la cita electoral. En contrapartida, Calderón sube a partir de abril (pasa de cerca del 32 por ciento de las intenciones a su favor en los meses previos al 36.6 por ciento en abril) y se mantiene, hombro con hombro, en la pelea. Madrazo, por su parte, no llega en ningún momento a sobrepasar el 30 por ciento de las intenciones de voto. Su línea semeja una horizontal con escasa oscilación que fluctúa entre el 24.8 y el 27.7 por ciento (al combinar los resultados de las cinco encuestas seriales).
Esos datos duros que proporcionan fuentes muy diversas –Consulta Mitofsky, GEA-ISA, Reforma, El Universal y Parametría- son recuperados y promediados por RT para reconstruir la ruta de las intenciones de los votantes. Ejercicio elemental y fundamental que ayuda a colocar un piso sólido del que por lo menos deben extraerse dos lecciones: ningún candidato o partido tiene ganada de una vez y para siempre la voluntad de ese mar contradictorio y movedizo al que llamamos ciudadanos y las campañas sirven precisamente para incrementar o disminuir las adhesiones de los contrincantes.
Frente al 2012 parecen enseñanzas pertinentes, sobre todo frente a los voceros o comentaristas que el día de hoy proclaman como resuelta la contienda por venir.
3. Entre enero y febrero, RTD nos recuerda que “en las campañas…no había un tono especialmente agresivo”. Reproduce los spots de los candidatos para ilustrar que el encono todavía no aparecía. Sin embargo, lo que fue claro desde el inicio es que el formato de la publicidad electoral sería el de los spots, es decir, comunicaciones breves, de 20 o 30 segundos, que por su propia naturaleza no pueden sino acuñar frases supuestamente originales y atractivas, pero incapaces de recrear así sea mínimamente la complejidad de los problemas.
Con un financiamiento público generoso, los partidos y coaliciones compraron a granel espacio en radio y televisión, generándose una cadena perversa. Así, buena parte del financiamiento público, tuvo una estación de paso en los partidos, para acabar en las arcas de las radiodifusoras y televisoras. Se trató de montos considerables de dinero y de una espiral creciente que parecía no tener techo.
Por ello, como nos recuerda RTD al final, los legisladores decidieron en 2007, prohibir la compra de espacios en radio y televisión a los partidos y candidatos, estableciendo que su acceso a los mismos sería a través de los tiempos oficiales con una regulación precisa. Es conocida la beligerante reacción de los concesionarios a esas nuevas disposiciones que intentan coadyuvar a mantener condiciones medianamente equitativas en la competencia, pero evitando la transferencia de recursos públicos a los medios. Pero durante las elecciones de 2009 el esquema funcionó.
No obstante, la spotización de las campañas continuó de manera flagrante adelgazando el debate político y saturando a las audiencias. De tal suerte que si en ese terreno no se produce alguna reforma es muy probable que las campañas del 2010 se parezcan a las del 2009. Miles de spots simplificadores, maniqueos, supuestamente ingeniosos, pero resaltando la figura de los candidatos presidenciales. Parece necesaria una nueva reforma que sin modificar el criterio de que los partidos solo pueden hacer campañas a través de los tiempos oficiales, modifique el formato para abrirle paso a debates, breves programas unitarios, y deje una franja pequeña de anuncios.
4. Es en marzo cuando el nivel de las campañas empieza a subir de tono. La espiral de agresiones y descalificaciones mutuas se retroalimenta. La decisión la toma el equipo de campaña de Felipe Calderón que observa como por la vía de la propuesta su campaña no despega. Pero, López Obrador responde y el clima empieza a nublarse. RTD hace una reconstrucción precisa de aquellos episodios. Y también de las dificultades y decisiones de las autoridades electorales que intentan, con diferentes lecturas de la ley, encauzar el debate. Pero como bien dice T, “la civilidad en la contienda política no podía imponerse por decreto”.
Luego de aquella contienda, los legisladores modificaron la Constitución para establecer que está prohibida la calumnia en contra de personas y la denigración de instituciones y partidos. Es decir, que la libertad de expresión, como todas las libertades, tiene como límite los derechos de terceros. Pero la administración de dichas disposiciones resulta compleja porque la perspectiva de los partidos cambia sin cesar según sean ellos los de los dichos o los aludidos. Si un partido se siente denigrado o un candidato calumniado acuden al IFE amparándose en la disposición de la Constitución, pero invariablemente el partido denunciado se cobija en la libertad de expresión, también garantizada en la propia Constitución. Los litigios en este sentido se han multiplicado y es de prever que en el 2012 aumenten.
Soy de la idea que deben ser las salas del Tribunal Electoral las que deben atender en primera instancia estás denuncias, para que la Sala Central pueda revisar sus sentencias y decir la última palabra. Ello porque la sobre carga de funciones al IFE puede desgastarlo y porque además los consejeros no son jueces, porque los representantes de los partidos están sentados en el Consejo General no así en las salas del Tribunal y porque además la fórmula está generando demasiados roces innecesarios entre el Instituto y el Tribunal. Por si fuera poco, Pedro Salazar ha puesto sobre la mesa otra razón: las entidades sancionadas (léase sobre todo televisoras y radiodifusoras) se están amparando ante las resoluciones del IFE, algo que no ocurriría si se tratara de resoluciones judiciales.
5. RTD revisa prácticamente todas las caras del comportamiento de los medios en relación a las campañas y por supuesto las apuestas que se hicieron desde las diferentes plataformas comiciales. Enumero sin ser exhaustivo: la forma en que se procesaron y aprobaron las modificaciones a las leyes federales de Radio y Televisión y Telecomunicaciones en el marco de la disputa comicial, los debates televisivos y los costos que para AMLO tuvo su inasistencia al primero de ellos, la compra de publicidad por parte de actores no legitimados en flagrante violación a las leyes, el impacto del programa de parodia política “El privilegio de mandar”, la campaña realizada por el presidente Fox, las resoluciones del TEPJF en la materia, de tal suerte que en el libro aparece un caleidoscopio complejo y sofisticado que hoy enmarca las campañas electorales.
Se trata de mensajes que influyen o intentan influir en las preferencias de los ciudadanos, de fórmulas que pretenden gravitar el día de la elección. Pero como bien dice RTD, “La capacidad de esos mensajes para que los ciudadanos confirmen, alteren o tomen una decisión electoral está supeditada… a la circunstancia, la experiencia y la situación de cada persona”. Es decir, los ciudadanos no son marionetas, “no están enclaustrados en ambientes políticos estáticos”, y por ello, RT reproduce y glosa algunos razonamientos del TEPJF: “Toda campaña electoral produce efectos sobre la decisión que adoptarán los ciudadanos al momento de sufragar, aunque no sea posible precisar ese grado de influencia porque… son múltiples los factores que determinan finalmente la voluntad del elector”.
Se trata quizá de una obviedad que por desgracia no lo es. A esos mensajes cruzados que aparecen en los medios, tienen que sumarse las redes de relaciones en las que transcurre y se reproduce la vida en sociedad, los ámbitos organizacionales en los que participan los ciudadanos, las tramas familiares que ayudan a forjar convicciones, las influencias culturales de todo tipo y un largo etcétera, porque las campañas no transcurren en un laboratorio en el que sólo están presentes los medios.
6. Resultan muy elocuentes los datos sistematizados de la avalancha de spots. Escribe RTD que “al contratar centenares de miles de anuncios promocionales en la televisión y la radio, los partidos y sus candidatos presidenciales contribuyeron a incrementar el poder de esos medios de comunicación, así como a empobrecer el debate…”. Cierto, pero además demuestra que en esa materia las campañas de los tres principales contendientes fueron equilibradas.
En radio, paradójicamente, Madrazo fue el que más spots compró: el 39.02% del total, seguido por Calderón (34.83) y luego López Obrador (21.95). Y en Televisión sucedió algo similar: Madrazo, 44.52; Calderón, 25.66 y López Obrador, 21.22. Pero cuando RTD hace un acercamiento a esas cifras, resulta que los anuncios en horario triple A en Televisión, las cifras cambian: PAN, 38.41; CPBT, 31.32 y PRI-PV, 23.31. Es decir aunque el candidato del PRI trasmitió más anuncios, sus competidores los concentraron en los horarios de mayor audiencia.
Resulta interesante además observar las fluctuaciones por mes, dado que por ejemplo, el PAN empezó con una gran contratación en enero en televisión y luego bajó en forma considerable, o como en abril, la CBT no llega siquiera al 10 por ciento del total de los anuncios en radio.
Si la legislación no se modifica, ese será uno de los renglones suprimidos para el 2010. Como hemos apuntado los partidos y los candidatos aparecerán en radio y televisión a través de los tiempos oficiales y su distribución será: 70% proporcional al número de votos obtenidos en la última elección federal y 30% igualitario.
7. Trejo intenta apreciar el efecto que tuvieron las campañas negativas, tema que estuvo en el centro del debate postelectoral. Tomando los datos de Gisselquist y Lawson, tenemos que el que menos mensajes negativos emitió fue Madrazo, sólo 13% del total tuvieron ese sesgo, mientras los mensajes negativos de Calderón llegaron al 37% y los de López Obrador al 44%. RTD intenta además una vuelta de tuerca: ¿cómo afectaron esas campañas la disposición de los indecisos? Y descubre que “entre quienes resolvieron por quién votarían el día de la elección, 34% decidió hacerlo por Felipe Calderón y 33% por Andrés Manuel López Obrador”. De igual manera rastrea el momento en qué los electores decidieron su voto y retomando datos de Buendía y Bustos intenta medir la influencia de las acusaciones entre candidatos en el voto del 2 de julio. Ipsos Bimsa incluso les preguntó a los electores al salir de la urna cuál de los temas había influido más en su decisión y los resultados son elocuentes: El 52 y el 50 por ciento de quienes votaron por Calderón (los porcentajes pueden sumar más de cien porque los entrevistados podían contestar por más de una opción) dijeron que las afirmaciones de que López Obrador era un peligro para México y la acusación de chachalaca que hizo AMLO a Fox. En cambio el 51% de quienes votaron por López Obrador dijeron que influyó en ellos la afirmación de que Calderón defiende los intereses de banqueros y empresarios.
Pero como bien dice RTD, el alud de descalificaciones tiene “lecturas diferentes”. Y cada anuncio es procesado por los televidentes o radio escuchas según su predisposición.
8. Internet. En un breve sub capítulo Trejo se ocupa de las campañas a través de Internet. “En 2006 se estimaba que había algo más de 18 millones y medio de mexicanos con acceso regular a la Red. De ellos, más de 6 millones y medio eran niños y jóvenes de entre 6 y 17 años. Eso implica que en ese año, únicamente 12 millones de ciudadanos en aptitud de votar tenían acceso a Internet”. Ese número, representaba el 16.8% de las listas nominales de electores.
Los números apuntan a que la campaña de Calderón utilizó más y mejor ese medio. En la Red aparecieron más correos a favor del candidato blanquiazul y menos en su contra. Exactamente a la inversa de lo que sucedió con el candidato de la CBT.
Pero no se necesita ser Einstein para comprender que en seis años el acceso a la Red se ha multiplicado significativamente. Se trata de un medio cada vez más al alcance de un mayor número de personas. Y será interesante observar y analizar lo que sucede en él a lo largo de la competencia electoral del 2012.
9. En este libro, RTD continúa una labor en la que ya lleva muchos años, aunque sería mejor decir, varias elecciones y libros: la medición de la cobertura de las campañas en radio y televisión. Con las cifras del monitoreo del IFE ofrece un panorama informado y vívido.
Fue la CBT la que recibió la mayor cobertura sumando los tiempos de la radio y la televisión: 36.72% del tiempo, por 31.16% para la coalición PRI-PVEM y 24.91% para el PAN. Si sólo nos asomamos a los noticieros de la radio, los porcentajes son los siguientes: López Obrador, 38.7%, Madrazo, 29.9% y Calderón 24.26%. Y si hacemos lo mismo para la televisión los primeros lugares cambian: Madrazo 36.11%, López Obrador 29.0% y Calderón 27.43%.
Pero Trejo no se conformó con los grandes agregados y nos presenta información desagregada por noticiero. Así, encuentra que en los informativos de radio de la ciudad de México, la CBT recibió una mayor cobertura en prácticamente todos ellos. Solo que en algunos las diferencias son abismales y en otros los porcentajes resultan equilibrados. Veamos: en los noticieros que encabezan Denise Maerker, Óscar Mario Beteta, Eduardo Ruiz Healy, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga o José Cárdenas, AMLO tuvo más de 20 puntos porcentuales por encima del segundo lugar. Mientras que en otros como los de Pascal Beltrán del Río o Héctor Castro las coberturas fueron equilibradas. En el primero: 26.09% para AMLO, 23.7 para Calderón y 23.42 para Madrazo; y en el segundo, 28.75 para López Obrador, 24.47 para Calderón y 21.34 para Madrazo.
Pero como bien alerta el propio Trejo en éstos casos hay que observar si las notas fueron a favor o en contra, porque incluso el observador más distraído sabe que algunos de los noticieros de radio que más tiempo le dieron a AMLO fue porque sus locutores desplegaron fuertes campañas contra él. Porque si bien, en términos generales, las notas informativas sin sesgo fueron mucho más que las negativas o positivas (93.51% contra 6.49%), en algunos casos la parcialidad fue más que evidente. En los informativos de Beteta o Ruiz Healy, el 16.2% y el 23.5% de los comentarios fueron contra AMLO.
La cobertura de las campañas en los noticieros de televisión resultó pareja y los números hablan por sí solos. Sintetizo un cuadro que aparece en el libro:
Conductor PAN PRI-PVEM CBT
Porcentaje del tiempo
Paola Rojas 30.73 31.23 31.79
Víctor Trujillo 29.05 20.55 40.84
Ana Winocur 29.18 30.92 30.29
Javier Alatorre 27.42 28.96 34.34
Ramón Fregoso 25.22 24.13 26.75
Adriana Pérez C. 26.72 33.83 31.97
Gabriela Calzada 28.00 31.35 31.99
Adela Micha 27.92 25.67 35.83
López Dóriga 29.44 27.31 32.41
Lolita Ayala 27.11 27.20 28.41
Loret de Mola 27.39 24.56 31.84

El equilibrio es patente e incluso RTD señala que “da la impresión de que en (algunos) noticieros la información de cada día era tasada con cronómetro”. Y lo que resulta más relevante, en la inmensa mayoría de esos informativos no se detectaron sesgos a favor o en contra de los candidatos. Ojala en el 2012 esa experiencia se repita. Son necesarias coberturas equilibradas, objetivas, profesionales, para ayudar a que el clima de la elección sea propicio.

10. Trejo además nos ofrece información y análisis de los gastos de los partidos en los medios durante la campaña de 2006. Según datos de los propios partidos entregados por ley al IFE, gastaron casi 2 mil millones de pesos en radio y televisión. De los cuales 12 grupos radiofónicos y las dos grandes televisoras fueron los principales beneficiarios. En el caso de la TV “62 de cada 100 pesos gastados en la televisión ingresaron a las finanzas de Televisa. TV Azteca recibió algo menos del 30 de cada 100 pesos”.

El encarecimiento de las campañas, como ya señalamos, fue lo que llevó al Congreso a prohibir la compra de espacios en radio y televisión. Y es de esperarse que en 2012 la regla se mantenga y cumpla.

Revista de la Universidad de México Nº 82, diciembre 2010

 

Compartir