Leo lo siguiente: “Buscan rescatar a N.L. de políticos. Monterrey. Para revertir la corrupción, inseguridad y pobreza en que el bipartidismo ha metido al Estado, el movimiento ciudadano “Rescatemos Nuevo León” lanzó una convocatoria para sumar simpatizantes… Mediante un correo electrónico, el empresario Fernando Turner, que encabeza al grupo, explica que su meta es la transformación política a través del apoyo de candidatos independientes que puedan acceder a cargos públicos… “Los partidos se han convertido en organizaciones cuya finalidad es encumbrar y proteger a camarillas que buscan sus beneficios personales, impidiendo el progreso y mejora para todos”, añade… El proyecto será lanzado el próximo 26 de agosto…donde se difundirán propuestas, estrategias, programas y posibles candidatos”. (Reforma, 11 de agosto de 2014. P. 2).

Que ciudadanos se reúnan para intercambiar propuestas, bosquejar estrategias, confeccionar programas y lanzar candidatos a los distintos cargos de elección popular es una buena noticia. Se están organizando para hacer política e influir en los asuntos que nos incumben a todos. Saben que la agenda pública es de crucial importancia y quieren incidir en ella. Felicidades.

Que además estén cursando la vía que abre la nueva reglamentación de las candidaturas debe también celebrarse. Como se sabe, el libro séptimo de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) abre el camino para candidaturas independientes para Presidente de la República, diputados y senadores y las leyes estatales para gobernador, ayuntamientos y diputados locales. En 2015 los que quieran disputar un escaño de diputado federal deberán lograr el respaldo de por lo menos el dos por ciento de firmas de electores “correspondientes al distrito electoral en cuestión”. Dicha lista deberá estar “integrada por ciudadanos de por lo menos la mitad de las secciones electorales que sumen cuando menos el 1 por ciento de ciudadanos que figuren en la lista nominal de electores en cada una de ellas”. (Art. 371). Pero también podrán contender, como en el caso de Nuevo León, por el cargo de gobernador, presidentes municipales y diputados locales.

Que con ello generarán un contexto de exigencia a los partidos y sus candidatos no cabe duda. Antes se encontraban solos en el espacio electoral, tenían el monopolio de la postulación de candidatos y ahora tendrán que competir con otros, lo cual –en teoría- multiplica sus deberes. Otra vez en teoría, tendrían que ser más sensibles a su contexto y a las expresiones de grupos emergentes que disputarán su hegemonía. Todo ello no está mal.

En contraparte, sin embargo, es de temerse, como fácilmente se puede leer en la nota del primer párrafo, la irrupción de una retórica antipolítica, que construye –demagógicamente- dos campos enfrentados: los políticos, encarnación de todos los males, y los ciudadanos, portadores de todas las virtudes.

La cabeza de la nota anuncia sin rubor: “Buscan rescatar a Nuevo León de políticos”. Habrá que informarles a todos aquellos ciudadanos que intenten legítimamente ocupar un cargo de elección popular que, en el momento en que sean postulados para ello, se estarán convirtiendo en políticos. No hay escape. No importa lo que ellos piensen de sí mismos. Aquel que entra en una campaña electoral, pide el apoyo de los votantes, proclama sus virtudes y señala los vicios de sus contrincantes, es un político. Ya no digamos si triunfa en la contienda y se convierte en presidente municipal, diputado local, gobernador, diputado federal o presidente de la República. El asunto es inescapable y no se le puede conjurar con fórmulas retóricas.

Ahora bien, si además los presuntos candidatos independientes se reúnen para ayudarse entre sí, delinear estrategias, trabajar en conjunto, buscar fórmulas de financiamiento, pulir mutuamente su discurso, etc., estarán –ni modo- empezando a integrar un partido. Tampoco hay escape. Ya lo decía Duverger hace más de medio siglo: ahí en donde los ciudadanos se asocian para ir a elecciones está surgiendo un partido, al igual que cuando los legisladores trabajan en conjunto para tratar de hacer avanzar sus iniciativas. Porque los partidos políticos no son una impostación ni un invento del que pueda prescindir la democracia. Son el producto natural de los sistemas democráticos que suponen la existencia regular de elecciones y de cuerpos legislativos plurales.

En fin, ¡ahí vienen los independientes! Enhorabuena. Cuidado con la demagogia.

 

La puerta para las candidaturas independientes está abierta. Se convertirán en políticos y formarán partidos.

14 de agosto de 2014

 

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